Por José Gómez de Gestión Digital Mx

 

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) en inglés procrastination,   postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyendolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Quién puede decir que no padece o ha padecido este mal, sin duda un cruel enemigo que nos hace ineficientes, y nos pone siempre en riesgo de meternos en problemas. Todos debemos aprender a decir NO a ese horrible mal, o estaremos condenados siempre a vivir emproblemados, rezagados, y por qué no decirlo con el inminente riesgo de ser unos fracasados.

 

“El tiempo es un empleador que ofrece igualdad de oportunidades. Cada ser humano tiene exactamente el mismo número de horas y minutos todos los días. Los ricos no pueden comprar más horas. Los científicos no pueden inventar nuevos minutos. Y no puedes ahorrar tiempo para gastarlo en otro día. Aun así, el tiempo es asombrosamente justo e indulgente. No importa cuánto tiempo haya perdido en el pasado, todavía tendrá un mañana completo “.

Denis Waitley

 

“Dios le ha prometido perdón a su arrepentimiento, pero no ha prometido mañana a su postergación”

San Agustín de Hipona

 

“Tu vida está sucediendo ahora mismo: no dejes que la postergación se apodere de tu vida. Sé valiente y toma riesgos. Tu vida está pasando ahora mismo.

Roy T. Bennett

 

Lo curioso de la procrastinación es que todos sabemos que es dañino practicarla. ¿A quién le gusta posponer las cosas?  A muchos, pero no es por un gusto por posponer en sí mismo, sino por lo que creemos que obtenemos al hacerlo. En realidad a pocos les agrada los resultados de esa actitud, a  nadie le gusta al final de cuentas, y, sin embargo la procrastinación es la historia de muchos.  Y la investigación muestra exactamente eso: Cuando se pospone las cosas, puede sentirse bien a corto plazo, pero sufriremos a largo plazo.

 

Realmente no importa por qué postergamos las cosas, algunos les gusta la presión de los últimos momentos para hacer algo,  algunos temen fallar, así que lo posponen hasta el último instante. Pero hay una cosa en común que es que la procrastinación tiene un alto  precio, siempre cobra factura.

Un estudio realizado por American Psychological Society, por Dianne Tice y Roy Baumeister, analiza el costo de la postergación:

  • Depresión
  • Creencias irracionales
  • Baja autoestima
  • Ansiedad
  • Estrés

 

La procrastinación no es un comportamiento inocente, espontáneo. Es un signo de una pobre autorregulación. Podemos incluso comparan la procrastinación con el abuso del alcohol y las drogas.

 

 

Cómo vencer la procrastinación

La evidencia sugiere que los postergadores se divierten en lugar de trabajar en las tareas asignadas, hasta que la presión creciente de los plazos inminentes los obliga a ponerse a trabajar. Desde este punto de vista, la postergación puede derivar de una falta de autorregulación y, por lo tanto, de una dependencia de las fuerzas externas para motivar el trabajo. Solemos subestimar la autorregulación, el autocontrol y la fuerza de voluntad.    

Todos encontramos siempre una justificación que más o menos nos convence, para no hacer hoy lo que corresponde, cuando llega el trabajo, nos alejamos, si somos un postergadores, no podemos evitar retrasar el trabajo. Y eso es cierto para las tareas pequeñas y grandes. Se necesita valor para hacer un movimiento audaz y salir de nuestra zona de confort, la postergación.

cuando se cede en una sola distracción, es exactamente el momento en que empezamos a dejar de ser productivos, precisamente por el inminente riesgo de la postergación. Empezamos a trabajar en una tarea, tal vez emocionados, nos  enfocamos, pero luego, después de un tiempo, pensamos, vamos a leer las noticias por uno segundos, veamos que hay en Facebook, o decidir ver un episodio de una serie de Netflix, y se termina viendo toda la serie completa. Siempre comienza con solo una cosa. Siempre decimos: “¡Esta es la última vez que estoy perdiendo el tiempo!

 

 

La fuerza de voluntad no es suficiente

Lo que realmente necesitamos es un sistema para realizar  nuestro trabajo. Muchas personas evitan las rutinas, los sistemas y los marcos porque quieren tener “libertad”, nada  quieren nada que ate o que obligue.

En ese sentido: La libertad es nuestra enemiga.

La realidad es que, si queremos hacer las cosas, necesitamos reglas.

¿Cuáles son algunas de las cosas que la investigación ha demostrado ser efectiva?

  • Plazos autoimpuestos.
  • Sistemas de rendición de cuentas (compromiso con amigos, con el jefe, con subordinados, con la familia etc.).
  • Trabajando / estudiando en intervalos. (Técnica de Pomodoro)
  • Hacer ejercicio 30 minutos al día.
  • Una dieta saludable.
  • Eliminando distracciones
  • Y lo más importante: motivación interna.

Si combinamos las tácticas de productividad correctas, tendremos un sistema de productividad. Los plazos crean urgencia y nuestro enfoque; el ejercicio nos dará más energía, junto con una dieta saludable; y eliminar las distracciones eliminarán las tentaciones.

Pero no hay sistema que pueda ayudarnos si no tenemos un motivo interno. Las personas solemos complicar en exceso ese concepto, el cual  es muy simple: ¿por qué hacemos lo que haces?  Si no sabes Inventa algo, y claro entre más valioso sea ese motivo, más fuerte será, uno muy poderoso puede ser el amor a nuestra familia. A los creyentes en Dios, nos ayuda hacerlo por Él.

Si  no sabemos por qué estamos haciendo algo, su porqué,  las tareas más molestas se vuelven insoportables. Y si sabemos se convertirá en una parte de una imagen más grande.

Entonces, en lugar de zambullirnos en el trabajo, retrocedamos un paso, pensemos por qué hacemos lo que hacemos y luego confíemos en que un sistema nos respalda.