Por José Gómez de Gestión Digital Mx

 

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) en inglés procrastination,   postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyendolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Quién puede decir que no padece o ha padecido este mal, sin duda un cruel enemigo que nos hace ineficientes, y nos pone siempre en riesgo de meternos en problemas. Todos debemos aprender a decir NO a ese horrible mal, o estaremos condenados siempre a vivir emproblemados, rezagados, y por qué no decirlo con el inminente riesgo de ser unos fracasados.

 

“El tiempo es un empleador que ofrece igualdad de oportunidades. Cada ser humano tiene exactamente el mismo número de horas y minutos todos los días. Los ricos no pueden comprar más horas. Los científicos no pueden inventar nuevos minutos. Y no puedes ahorrar tiempo para gastarlo en otro día. Aun así, el tiempo es asombrosamente justo e indulgente. No importa cuánto tiempo haya perdido en el pasado, todavía tendrá un mañana completo “.

Denis Waitley

 

“Dios le ha prometido perdón a su arrepentimiento, pero no ha prometido mañana a su postergación”

San Agustín de Hipona

 

“Tu vida está sucediendo ahora mismo: no dejes que la postergación se apodere de tu vida. Sé valiente y toma riesgos. Tu vida está pasando ahora mismo.

Roy T. Bennett

 

Lo curioso de la procrastinación es que todos sabemos que es dañino practicarla. ¿A quién le gusta posponer las cosas?  A muchos, pero no es por un gusto por posponer en sí mismo, sino por lo que creemos que obtenemos al hacerlo. En realidad a pocos les agrada los resultados de esa actitud, a  nadie le gusta al final de cuentas, y, sin embargo la procrastinación es la historia de muchos.  Y la investigación muestra exactamente eso: Cuando se pospone las cosas, puede sentirse bien a corto plazo, pero sufriremos a largo plazo.

 

Realmente no importa por qué postergamos las cosas, algunos les gusta la presión de los últimos momentos para hacer algo,  algunos temen fallar, así que lo posponen hasta el último instante. Pero hay una cosa en común que es que la procrastinación tiene un alto  precio, siempre cobra factura.

Un estudio realizado por American Psychological Society, por Dianne Tice y Roy Baumeister, analiza el costo de la postergación:

  • Depresión
  • Creencias irracionales
  • Baja autoestima
  • Ansiedad
  • Estrés

 

La procrastinación no es un comportamiento inocente, espontáneo. Es un signo de una pobre autorregulación. Podemos incluso comparan la procrastinación con el abuso del alcohol y las drogas.

 

 

Cómo vencer la procrastinación

La evidencia sugiere que los postergadores se divierten en lugar de trabajar en las tareas asignadas, hasta que la presión creciente de los plazos inminentes los obliga a ponerse a trabajar. Desde este punto de vista, la postergación puede derivar de una falta de autorregulación y, por lo tanto, de una dependencia de las fuerzas externas para motivar el trabajo. Solemos subestimar la autorregulación, el autocontrol y la fuerza de voluntad.    

Todos encontramos siempre una justificación que más o menos nos convence, para no hacer hoy lo que corresponde, cuando llega el trabajo, nos alejamos, si somos un postergadores, no podemos evitar retrasar el trabajo. Y eso es cierto para las tareas pequeñas y grandes. Se necesita valor para hacer un movimiento audaz y salir de nuestra zona de confort, la postergación.

cuando se cede en una sola distracción, es exactamente el momento en que empezamos a dejar de ser productivos, precisamente por el inminente riesgo de la postergación. Empezamos a trabajar en una tarea, tal vez emocionados, nos  enfocamos, pero luego, después de un tiempo, pensamos, vamos a leer las noticias por uno segundos, veamos que hay en Facebook, o decidir ver un episodio de una serie de Netflix, y se termina viendo toda la serie completa. Siempre comienza con solo una cosa. Siempre decimos: “¡Esta es la última vez que estoy perdiendo el tiempo!

 

 

La fuerza de voluntad no es suficiente

Lo que realmente necesitamos es un sistema para realizar  nuestro trabajo. Muchas personas evitan las rutinas, los sistemas y los marcos porque quieren tener “libertad”, nada  quieren nada que ate o que obligue.

En ese sentido: La libertad es nuestra enemiga.

La realidad es que, si queremos hacer las cosas, necesitamos reglas.

¿Cuáles son algunas de las cosas que la investigación ha demostrado ser efectiva?

  • Plazos autoimpuestos.
  • Sistemas de rendición de cuentas (compromiso con amigos, con el jefe, con subordinados, con la familia etc.).
  • Trabajando / estudiando en intervalos. (Técnica de Pomodoro)
  • Hacer ejercicio 30 minutos al día.
  • Una dieta saludable.
  • Eliminando distracciones
  • Y lo más importante: motivación interna.

Si combinamos las tácticas de productividad correctas, tendremos un sistema de productividad. Los plazos crean urgencia y nuestro enfoque; el ejercicio nos dará más energía, junto con una dieta saludable; y eliminar las distracciones eliminarán las tentaciones.

Pero no hay sistema que pueda ayudarnos si no tenemos un motivo interno. Las personas solemos complicar en exceso ese concepto, el cual  es muy simple: ¿por qué hacemos lo que haces?  Si no sabes Inventa algo, y claro entre más valioso sea ese motivo, más fuerte será, uno muy poderoso puede ser el amor a nuestra familia. A los creyentes en Dios, nos ayuda hacerlo por Él.

Si  no sabemos por qué estamos haciendo algo, su porqué,  las tareas más molestas se vuelven insoportables. Y si sabemos se convertirá en una parte de una imagen más grande.

Entonces, en lugar de zambullirnos en el trabajo, retrocedamos un paso, pensemos por qué hacemos lo que hacemos y luego confíemos en que un sistema nos respalda.

 

Por José Gómez de Gestión Digital

En el evento organizado por Alestra “Alestra Now Business Technology  SummIT 2018”,  el pasado 22 de febrero, el tema de la conferencista invitada en esta ocasión fue “Era KnowMad: Desafíos de la transformación Digital¨  impartida por Raquel Roca. ¿Qué es KnowMad? En honor a la justicia y para comprender mejor el concepto, para que las organizaciones obtengan más beneficios del mismo, necesitamos remontarnos a algunas décadas atrás, pero antes veamos  qué significa el concepto y quien lo creo. El término es un una combinación semántica y auditiva de las palabras en inglés Know (Conocimiento) y Nomad (Nómada), Knowmad. Significa “Nómada del Conocimiento”. El término lo creo John W. Moravec  lo explica muy bien es su artículo: Repensando el desarrollo del capital humano en la sociedad Knowmad”, en el que centra este cambio en tres marcos o etapas: El paso de la Sociedad 1.0 (Revolución industrial) a la 2.0 (Siglo XX) y a  la actual 3.0, la de los trabajadores basados en el conocimiento.

Puede parecer el término, a simple vista, que es un concepto novedoso, en realidad, es una figura que siempre ha existido en mayor o menor medida. El padre de la administración y de la esencia de la mercadotecnia Peter Drucker,  describe la figura del trabajador del conocimiento en los años 70, y predijo sería el trabajador más apreciado de las empresas en el siglo XXI. En efecto, Drucker se refería al tipo de trabajador que trabaja en base a su conocimiento, un conocimiento que inspira y  que mejora a las organizaciones, porque aporta valor a las mismas,  en palabras de Drucker  “La gente es el principal activo de una organización”.

 

¿Qué hay entonces de novedoso en el concepto Knowmad De acuerdo a Moravec etapa 3.0? Más que novedoso el concepto tiene valor porque nos enfrenta a una realidad, en la que estamos inmersos, Knowmad no es el futuro, es el presente. Un presente que impulsa la innovación como la impulsaba Drucker,  y como algo esencial. Se trata del trabajador en base al conocimiento de Drucker, pero ahora en un mundo digital, cada vez más conectado por Internet,  por la Web, por  la Nube, y la digitalización de los procesos. Es un trabajador que no tiene fronteras, y todo lo que eso implica, desde poder trabajar en su casa, sin que con ello se merme su productividad, como empleado formal de una organización, o como freelancer, con clientes en cualquier parte. Los knowmads son los trabajadores del conocimiento del siglo XXI,  los cuales son un verdadero activo para las compañías. Son capaces de sacar rendimientos a sus conocimiento que portan creativa, técnica y emocionalmente. No es casualidad que hoy día, los trabajadores freelance relacionados con el entorno digital están más solicitados que nunca.

 

Hoy las empresas externalizan (Outsoursing) servicios que dejan en manos de profesionales del conocimiento, que saben que harán un buen trabajo y con los que, además, van a reducir gastos.

 

La globalización, la digitalización y la democratización del saber y la hiperconectividad moldean y permiten el desarrollo de El knowmad, y él por su parte piensa: “Puedo trabajar desde cualquier lugar del mundo con una conexión a Internet, y ser libre”. Ellos son creativos, flexibles y muy digitales, esa es  su esencia.

Los knowmads y el marketing digital

 

En esta sociedad actual, algunas personas y empresas ya trabajan así y otras se están adaptando, no es raro encontrar a trabajadores de diferentes disciplinas conversando, y no necesitan un espacio físico, sólo estar conectados. Y la mercadotecnia digital es el marco de referencia para todos.

 

Si en el año 2020 de verdad el 90% de la población mundial estará conectada a Internet (Como lo asegura Google), el índice de empleabilidad de este tipo de trabajador se disparará,  y sobre todo en lo referente al marketing online.

Quienes mejor se adaptarán al nuevo entorno laboral, empleados y empleadores, serán aquellos que adopten lo más pronto posible una forma de pensar “Knowmad”, y actúen en consecuencia, y la esencia de ese pensamiento  es la innovación, la  creatividad, la competencia digital, la autogestión y la flexibilidad.

 

Por: Gestión Digital

Con ideas extraídas del sitio Ladders

 

Las palabras que utilizamos en la interacción diaria, o mejor dicho la forma en que nos comunicamos y cómo respondemos, sobretodo en el entorno laboral, determina en buena medida cómo nos desempeñamos, nuestros resultados, nuestra permanencia en el empleo, y otros aspectos tales como sueldos y promociones. Por ello debemos ser concientes de lo que debemos y lo que no debemos decir, lo cual será un reflejo de la eficiencia de nuestro desempeño. Sin duda una persona inteligente no dirá nunca o no responderá con las siguientes frases.

 

Las siguiente frases tienen un efecto especial en nuestro comportamiento,  nos harán quedar mal, incluso cuando lo que se dice sea verdadero, y puede no haber vuelta atrás una vez que se expresan.

 

Con frecuencia con esos comentarios nos mostramos a los demás, como incompetentes e inseguros, y son los que causan el mayor daño. No importa qué tan talentoso seamos o lo que hayamos logrado, hay ciertas frases que cambian instantáneamente la forma en que las personas nos ven y que siempre arrojan una imagen inadecuada, por decir lo menos. Estas frases están tan cargadas de implicaciones negativas que socavan las carreras en poco tiempo.

 

1. “Esta es la forma en que siempre se ha hecho”

Está expresión  puede reflejar resistencia al cambio, o simplemente pereza, física y mental. Es negarse a la innovación, y  a la mejora continua. Esta actitud es particularmente grave si consideramos los tiempos en que vivimos, en donde lo que ayer funcionaba hoy es simplemente obsoleto. Lo que esta bien puede estar mejor, siempre habrá mejores formas de hacer las cosas, la historia nos lo ha enseñado, y está repleta de ejemplos. Así que si alguien en una empresa utiliza esa frase, es un verdadero peligro para la organización en que trabaja, o cambia o lo mejor para todos es prescindir de las personas que así piensan, y lo expresan.

 

2. “No es mi culpa”

La frase puede significar dos cosas, la primera es una forma de resignarse de que las cosas estén mal, y lavarse las manos por ello, o eximirse de las cosas que ocurren en la empresa, cuando estas no son como deberían ser, lo cual manifiesta de la persona que lo diga una gran falta de compromiso con la organización, y además irresponsabilidad. El segundo significado de la frase puede ser una forma para insinuar que  son otros los culpables, y que yo no soy. También puede ser una forma de empezar a culpar a alguien, una manera de sugerir que se pregunte para poder delatarlo. Las dos situaciones evidencian a una persona inadecuada para la organización, dicha persona, si no modifica su estilo invariablemente será un perdedor.

 

3. “No puedo”

La vieja frase “Querer es poder”  tiene sentido; darse por vencido sin haberlo intentado es deplorable y aniquilante. No funciona en el ámbito laboral, y probablemente ni para ninguna circunstancia de la vida, sin importar que realmente no puedas. A la gente no le gusta escuchar que no puedo porque creen que significa que no lo haré. Decir que no puedo sugiere que no estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para hacer el trabajo. Si realmente no puedes hacer algo porque en verdad te faltan las habilidades necesarias, debe ofrecer una solución alternativa. En lugar de decir lo que no puedes hacer, di lo que puedas hacer. Por ejemplo, en lugar de decir “No puedo quedarme hasta tarde esta noche”, es mejor decir “Puedo llegar temprano mañana por la mañana”, o “aún no sé cómo realizar ese tipo de análisis” ¿Hay alguien que  me pueda ayudar, para poder hacerlo por mi cuenta la próxima vez? “

 

4. “No es justo”

En principio la vida no es justa. Decir que algo no es justo con respecto a las responsabilidades que nos asignan, hace vernos inmaduros e ingenuos. Si no quieres verte mal, debes apegarte a los hechos, mantenerte constructivo y verte positivo. Por ejemplo, podrías decir: “Noté que asignó a Juan a ese gran proyecto que estaba esperando, ¿Te importaría decirme en qué se basó esa decisión? Me gustaría saber por qué se pensó que yo no podría realizar ese proyecto, para así poder  trabajar para mejorar mis habilidades “.

 

5. “Eso no está en la descripción de mi puesto”

Esta frase a menudo sarcástica te hace sonar como si solo estuvieras dispuesto a hacer lo mínimo indispensable para seguir recibiendo tu sueldo, lo cual manifiesta egoísmo y una total ausencia de un espíritu de superación. Si tu jefe te pide que hagas algo que consideras inapropiado para tu posición, lo mejor es completar la tarea con entusiasmo. Más tarde, programa una conversación con tu jefe para analizar tu rol en la compañía, y poder ver si la descripción de tu puesto necesita una actualización. Esto asegura que evites parecer mezquino. También les permite a ti y a tu jefe desarrollar una comprensión a largo plazo de lo que deben y no deben hacer.

 

6. “Esta puede ser una idea tonta / y tal vez voy hacer una pregunta estúpida”

Estas frases excesivamente pasivas erosionan instantáneamente tu credibilidad. Sobretodo si en realidad se trata de una gran idea, te puedes ver como  que careces de confianza en ti mismo, lo que hace que las personas con las que estás hablando pierdan confianza en ti. No seas tu peor crítico, si no estás seguro de lo que estás diciendo, los demás tampoco lo harán.

 Y si realmente no sabes algo, di:”No tengo esa información en este momento,  pero lo averiguaré y lo comentamos después”.

 

 

7.    “Lo intentaré”

Al igual que la frase “Lo pensaré”, sugiere que no tiene confianza en tu capacidad para ejecutar la tarea. Asume la plena propiedad de tus capacidades. Si se te pide que hagas algo, o bien comprométete a hacerlo u ofrece una alternativa, pero no digas que lo intentaras porque parece que no harás todo lo posible.

8. “Odio este trabajo”

Lo último que alguien quiere escuchar en el trabajo es que alguien se queje de lo mucho que odia su trabajo. Hacerlo te etiqueta como una persona negativa y baja la moral del grupo. Los jefes se apresuran a captar la atención de quienes menosprecian el trabajo y saben que siempre hay reemplazos entusiastas a la vuelta de la esquina.

9. “Es flojo / incompetente / un idiota”

“Si no puedes alabar cállate”, este debería ser nuestra consigna diaria.  No hay ninguna justificación para hacer un comentario despectivo sobre ninguna persona. El hecho de que sea verdad no justifica descalificar con esas palabras, y con ninguna otra. Pero además si el comentario es inexacto, o simplemente no es verdad tu eres quien termina no sólo pareciendo un imbécil, sino además alguien en quien no se puede confiar. Si no tienes la forma para ayudarlos a mejorar, entonces no tienes nada que ganar transmitiendo la ineptitud de otros. Anunciar la incompetencia de un colega puede parecer como un intento de vernos mejor nosotros mismos, con lo cual ocurre totalmente lo opuesto.

 

Del artículo del New York Time:  

Por:  DAVID DeSTENO DEC. 29, 2017

 

Traducción y síntesis por Mauricio Morales de Gestión Digital  

 

La víspera de Año Nuevo es un momento para establecer objetivos o propósitos: Comer mejor, ahorrar más dinero, trabajar más, beber menos, etc.etec. Es el día 1 en el camino hacia un “nuevo tú”. Pero este camino, como todos sabemos, es difícil de seguir. Los humanos son notoriamente malos para resistir la tentación, especialmente (como lo confirma la investigación) si estamos ocupados, cansados ​​o estresados. Para el 8 de enero, aproximadamente el 25 por ciento de las resoluciones han quedado en el camino. Y para cuando finaliza el año, menos del 10 por ciento se ha mantenido por completo.

 

Desafortunadamente, el problema de los propósitos de Año Nuevo es, en cierto modo, el problema de la vida misma. Nuestra tendencia a ser miopes – valorar los placeres del presente más que las satisfacciones del futuro – tiene un costo considerable. Seguramente ya habrás oído hablar de los famosos experimentos de malvaviscos del psicólogo Walter Mischel, en los que a los niños que podrían resistir la tentación de comer inmediatamente un dulce serían recompensados ​​con un segundo dulce unos 15 minutos más tarde. El profesor Mischel descubrió que aquellos que podían esperar, aquellos que tenían autocontrol, también fueron los que tuvieron un mejor éxito académico y profesional años más tarde.

 

Desde entonces,  estudio tras estudio ha vinculado el autocontrol con el logro en una amplia gama de áreas, que incluyen finanzas personales, alimentación y ejercicio saludables y rendimiento laboral. En pocas palabras, aquellos que pueden perseverar hacia sus metas a largo plazo frente a la tentación de hacer lo contrario, aquellos que tienen “agallas”, están mejor posicionados para el éxito.

 

Todo lo que he dicho hasta ahora me suena familiar, es porque en los últimos 30 años, en respuesta a estos hallazgos, surgió algo así como una industria artesanal para decirnos cómo aumentar nuestro autocontrol. Si examinas detenidamente los libros de las listas de los libros más vendidos, encontrarás variaciones sobre un tema: La mejor forma de aumentar el autocontrol es usar nuestra fuerza de voluntad (Y las capacidades mentales relacionadas, como la función ejecutiva, esa parte de la mente que dirige la planificación y el razonamiento) para ignorar o suprimir nuestro anhelo de placer inmediato.

 

Pero después de algunas décadas de usar esta información, no parece haber cambiado mucho. Todavía gastamos demasiado en compras impulsivas en lugar de ahorrar para la jubilación, y seguimos satisfaciendo a nuestros antojos en lugar de comer saludablemente. ¿Por qué?

 

La respuesta, sostengo, es que esta visión de autocontrol es incorrecta. Al elegir confiar en el análisis racional y la fuerza de voluntad para cumplir nuestros objetivos, nos estamos perjudicando. Estamos usando herramientas que no solo son débiles; también son potencialmente dañinas. Si al usar la fuerza de voluntad para mantener tu nariz en la piedra de afilar se siente como una lucha, eso es porque lo es. Tu mente está luchando contra sí misma. Está tratando de convencer, engatusar y, si eso falla, reprimir un deseo de placer inmediato. Dada la importancia del autocontrol para el éxito, parece como si la evolución debería habernos proporcionado una herramienta que fuera menos insoportable de usar.

 

Yo creo que sí nos la ha dado; solo que la estamos ignorando. Esa herramienta son nuestras emociones sociales. Estas son las emociones, cosas como la gratitud y la compasión, que respaldan los aspectos positivos de la vida social. Durante años he estado estudiando los efectos de estas emociones en la toma de decisiones y el comportamiento, y he descubierto que a diferencia de la razón y la fuerza de voluntad, naturalmente nos inclinan a ser pacientes y perseverar. Cuando experimentas estas emociones, el autocontrol ya no es una batalla, ya que funcionan no aplastando nuestros deseos de placer en el momento, sino aumentando cuánto valoramos el futuro.

 

A menudo pensamos en la superación personal y en la búsqueda de nuestros objetivos en términos de refuerzo y autoflagelación: Lo haré mejor, me esforzaré mucho, me desperté más temprano… Pero no necesita ser así, y no debería: Con autocontrol no se trata de sentirse miserable.

 

La investigación sobre el autocontrol muestra que la fuerza de voluntad, con todos sus beneficios, disminuye con el tiempo. A medida que tratamos de hacernos estudiar, trabajar, hacer ejercicio o ahorrar dinero, el esfuerzo mental para mantenerse enfocado y motivado aumenta hasta que parece demasiado difícil de soportar.

 

Peor aún, ejercer fuerza de voluntad puede tener un costo psicológico y físico. Como ha demostrado el reciente trabajo del psicólogo de la Universidad de Northwestern, Greg Miller, estar dispuesto a ser “rudo” puede ser bastante estresante. Al estudiar a unos 300 adolescentes de entornos social y económicamente desfavorecidos, el profesor Miller descubrió que aquellos que eran mejores para usar el autocontrol tenían más éxito cuando se trataba de resistir las tentaciones, pero a costa de su salud. Sus cuerpos sufrieron no solo por el aumento de las respuestas al estrés, sino también por el envejecimiento prematuro de sus células inmunes.

 

En niveles moderados, la tendencia a buscar el logro a través de la fuerza de voluntad y el análisis racional puede ser una bendición. Pero a niveles más altos, es un perjuicio para el bienestar, especialmente si fallas. Cuando las personas que están sumamente enfocadas y dedicadas al uso de la fuerza de voluntad para alcanzar sus objetivos se quedan cortas, informan un golpe para su bienestar que es 120 por ciento mayor que el reportado por aquellos que siguen un camino menos austero y estresante.

 

Desde una perspectiva evolutiva, el hecho de que el ejercicio de la fuerza de voluntad no sea natural para nosotros tiene mucho sentido. Durante milenios, lo que condujo al éxito no fue la capacidad de estudiar para los exámenes, ahorrar para la jubilación, ir al gimnasio o esperar un segundo malvavisco. Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, ninguno de estos objetivos auto-enfocados importaba o incluso existía. Es mucho más probable que lo que llevó al éxito fueron fuertes vínculos sociales, relaciones que alentarían a las personas a cooperar y prestar apoyo mutuo, lo que ayudó a garantizar que sus sacrificios se devolvieran una y otra vez cuando se requiriera en el futuro.

 

Pero para establecer y mantener relaciones, la gente debería haber sido justa, honesta, generosa, diligente y leal. Tendrían que haber sido percibidos como buenos socios. En otras palabras, tendrían que haberse comportado moralmente.

 

Lo que subyace a estos rasgos morales es la capacidad de poner algo más por encima de sus propios deseos e intereses inmediatos: Ejercer autocontrol. Trabajar duro para mantener el acuerdo o ayudar a otra persona dando tiempo, dinero, comida o un hombro para llorar requiere una buena disposición para sacrificar algunos recursos en el momento. A cambio, cosechas los beneficios de esas relaciones fuertes en el futuro.

 

Cuando se trata de hacer tales sacrificios a corto plazo, la mayoría de nosotros no confiamos en un análisis frío y racional de los costos y beneficios. Normalmente no calculamos qué se puede ganar ayudando a alguien más. Simplemente sentimos que deberíamos. Son nuestras emociones -específicamente, la gratitud, la compasión y un auténtico sentido de orgullo (no arrogancia) – las que nos impulsan a comportarnos de manera que muestren autocontrol.

 

Estoy seguro de que no estoy solo al decir que he movido más sofás y he dedicado más tiempo a hacer regalos para mis amigos de lo que creí posible cuando sentí gratitud hacia ellos y quise mostrar mi agradecimiento. O que he trabajado más y más duro en tareas difíciles cuando quería sentirme orgulloso de mis habilidades y contribuciones a un equipo. O que he dado más apoyo a las personas cuando se sentí movido por la compasión para hacerlo.

 

Más de una década de investigación respalda esta imagen. Los estudios de mi laboratorio, por ejemplo, muestran que la gratitud aumenta directamente el autocontrol. En una versión de la prueba de malvavisco adaptada para adultos, pedimos a la gente que se tomara unos minutos para recordar un evento que los hizo sentir agradecidos, neutrales o felices. Luego, les pedimos que respondan una serie de preguntas del formulario “¿Prefiere tener $ X ahora o $ Y en Z días?” Con Y siempre siendo más grande que X, y Z variando de semanas a meses. A partir de estas preguntas, podríamos calcular cuánto descontaron las personas el valor del futuro.

 

Los que se sentían neutrales o felices eran bastante impacientes. Estaban dispuestos a renunciar a recibir $ 100 en un año si les diéramos $ 18 hoy. Los que sentían gratitud, sin embargo, mostraron casi el doble del autocontrol. Requirieron al menos $ 30 para renunciar a la recompensa posterior. En una línea similar, seguimos a las personas durante tres semanas, midiendo sus niveles de gratitud diaria, y encontramos el mismo impulso para el autocontrol. Nuestra investigación también muestra que cuando hacemos que las personas se sientan agradecidas, pasan más tiempo ayudando a cualquiera que pida ayuda, tomarán decisiones financieras que beneficien a los socios por igual (en lugar de aquellas que permiten ganancias a expensas de un compañero), y Mostraré lealtad a aquellos que los han ayudado incluso a costa de ellos mismos.

 

Lo que mi laboratorio, y otros, encontraron cuando miramos el orgullo fue similar. Hacer que la gente se sienta orgullosa, no arrogante, pero orgullosa de las habilidades que tiene, los hace más dispuestos a esperar recompensas futuras y más dispuestos a asumir roles de liderazgo en grupos y trabajar más tiempo y más difícil para ayudar a un equipo a resolver un problema difícil. Del mismo modo, cuando hacemos que las personas sientan compasión, se harán cargo de las cargas de los demás, dedicando más tiempo y esfuerzo para ayudar a otros a salir de las dificultades y aliviar su angustia.

 

Lo que estos hallazgos muestran es que el orgullo, la gratitud y la compasión, ya sea que nos demos cuenta conscientemente o no, reducen la tendencia de la mente humana a descontar el valor del futuro. Al hacerlo, nos empujan no solo a cooperar con otras personas sino también a ayudar a nuestro yo futuro. Se ha demostrado que sentir orgullo o compasión aumenta la perseverancia en tareas difíciles en más del 30 por ciento. Del mismo modo, la gratitud y la compasión se han relacionado con un mejor rendimiento académico, una mayor disposición para hacer ejercicio y comer de manera saludable, y menores niveles de consumismo, impulsividad y consumo de tabaco y alcohol.

 

Si el uso de la fuerza de voluntad causa estrés, el uso de estas emociones realmente cura: Reducen la frecuencia cardíaca, disminuyen la presión arterial y reducen los sentimientos de ansiedad y depresión. Al hacer que valoremos más el futuro, facilitan el camino a la paciencia y la perseverancia.

Quizás lo más importante es que, si bien estas emociones potencian el autocontrol, también combaten otro problema de la vida moderna: La soledad. De 1985 a 2004, el porcentaje de personas que informaron tener al menos un amigo en quien podían confiar y con quienes podían discutir asuntos importantes disminuyó al 57 por ciento del 80 por ciento. Hoy, más de la mitad de todos los estadounidenses informan sentirse solos, especialmente en sus vidas profesionales. Pero un estudio tras otro ha demostrado que aquellos que son vistos como agradecidos, cálidos y con una confianza justificable atraen a otros hacia ellos. Debido a que estas emociones automáticamente nos hacen menos egoístas, nos ayudan a asegurarnos de que podamos formar relaciones con personas que estarán allí para apoyarnos cuando lo necesitemos.

 

Cultivar las emociones sociales maximiza tanto nuestras “virtudes currículum vitae” (Aquellas que subyacen al éxito profesional) como nuestras “virtudes elogiosas” (Aquellas por las cuales queremos ser recordados). Al dar un empujón a la mente para que sean más pacientes y desinteresados, benefician a todos a quienes impactan nuestras decisiones, incluidos nuestros futuros yoes. En resumen, nos dan no solo agallas sino también gracia.

 

Entonces, a medida que comience 2018, tómate más tiempo para cultivar estas emociones. Reflexiona sobre lo que estás agradecido de haber recibido. Permite que tu mente se ponga en el lugar de los necesitados y sienta por ellos. Enorgullécete de los pequeños logros en el camino hacia tus objetivos. Hacerlo ayudará a garantizar que cada futura Nochevieja tenga más para celebrar que lamentar.

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